Translate

1 de abril de 2019

Dieciocho años (mayoría de edad)

Nos conocimos. Nos olvidamos. Nos reencontramos. Comenzamos siendo amigos. Las separaciones
nos juntaron. Todo fue un juego hasta que caímos en nuestra propia telaraña.
Prometimos ser sinceros, y eso pasó. "Tengo que decirte algo" y el "yo también". Y aquí estamos veinte años después. 
El matrimonio vino luego. Entre hortensias (dicen que en las casas donde hay hortensias, las mujeres no se casan). Y acá estamos veinte años después, lo que demuestra que no hay que ser superticiosos.
Luego hubo desavenencias, pruebas de cocina, despidos laborales, carencias, abundancias. Pero nunca faltó el amor, el respeto y el enamoramiento día a día. 
Nos fuimos conociendo de tal forma que ahora somos dos que uno. 
Amigos que aún no lo creen, examigos que nunca supieron aceptar, Amigos que sorprendidos comparten nuestra felicidad.
Y la vida pasa, juntos ahora, 20 años después, y como yo digo: ¡a los veinte y más allá!


12 de febrero de 2019

El “sí pero no” de las naciones


Dicen que las naciones se construyen a partir de la idiosincrasia de sus habitantes, del valor cultural que tuvieron, que tienen y a los que aspiran.

Hay naciones conquistadas en tiempos remotos que pudieron hacer convivir ambas culturas, la propia y la del conquistador, generando un crisol bastante amplio que con el paso del tiempo se transforma en identidad nacional.

A su vez, no creo que exista una nación que quiera su propio sufrimiento. Pero existe como en toda las sociedades el colectivo ciclotímico, bipolar, o “como te digo una cosa te digo la otra”.
Esas naciones que no se ponen de acuerdo en lo que quieren, aunque la geopolítica les indique algo, se la juegan sin medir sus acciones. Ejemplos sobran: el Reino Unido con el “Brexit”, los escoceses con su independencia, los catalanes, etc. Son los clásicos “no sabemos lo que queremos, pero lo queremos ya, y no nos hacemos responsables de lo que queremos”.

Estas son muestras de que votan algo de lo cual se arrepienten, es decir tienen un colectivo bipolar de tercer grado.

Otros ejemplos son Colombia con si votaba el acuerdo de paz con las FARC. Los colombianos optaron por el NO, cuando venían clamando por la paz. Ciclotímicos o no saben lo que quieren?

Ni que hablar de Venezuela, que es la vedette de todos los portales de noticias y redes sociales, ya que están en el juego clásico infantil de tironeo de la cuerda para ver de que lado se rompe y de cuantas personas queda en los bandos de los vencidos y vencedores.
Y los uruguayos no nos quedamos atrás. Firmamos todo para quedar bien con Dios y con el diablo, no tenemos ni siquiera bipolaridad, sino indecisos según la conveniencia, como esos niños de padres divorciados que no saben con quien de ambos progenitores les sirve vivir.

En fin, será la gente que hace a las naciones o las naciones que hacen a sus habitantes?

7 de febrero de 2019

La depresión y el egoísmo


Cuando una persona está medio o del todo deprimida y expresa esa sensación siempre viene otra persona, que queriendo hacerte levantar los ánimos te dice “pero hay cosas peores, mira que en serio, hay gente que la pasas peor” y hasta tienen el descaro de decirte “créeme, mucho peor”. Saben estas personas que cuando uno esta deprimido le importa un carajo como están otros?
Y de golpe y porrazo encuentran respuestas a todos tus males:
  • ·         Tengo artritis: pensá en la gente con cáncer
  • ·         No tengo trabajo: es la situación del país, nos prometieron un país de primera, y mira vos, en que mierda estamos sumergidos
  • ·         No me alcanza el dinero: vos te quejas porque tenés una familia maravillosa, tenés salud; pensá en los que no tienen nada, ni donde caerse muerto.
  • ·         No sé qué hacer de mi vida: pero has hecho cosas importantes en tu vida, el que no hace nada es el que ya esta equivocado.
  • ·         Mi pareja me abandonó: menos mal que te sacaste a ese lastre de tu vida

Y así constantemente. No se dan cuenta que uno no quiere condescendencia, sino que está buscando respuestas a su malestar, a una solución que los saque de su depresión.
Peores son aquellos que creen que con chistes y payasadas te van a hacer sentir mejor. De esos, ni vale la pena hablar. Los otros que culpan de todo al partido político al mando, a la situación geopolítica, lo triste que es la cultura de tu país… y ahí, zas! No podé pensar en otra cosa que “cállate estúpido”, estoy hablando de mí, no del mundo, ni del continente ni siquiera de mi país, estoy hablando de mí!!!!!
Un día que no este deprimida tendré que pensar, investigar y preguntarle a especialistas por qué la depresión conlleva un grado increíble, inclusive más deprimente, del egoísmo exacerbado.

18 de enero de 2019

A los que adoran el mate, y a los que saben tomarlo

Dicen que en tiempo de la conquista la iglesia católica prohibió la ingesta de mate (ilex paraguariensis) ya que la consideraba “la hierba del demonio” porque hacia a sus bebedores vagos y haraganes, porque entre otras cosas, el rito de tomar mate los hacia dejar de producir durante varias horas al día de forma que fomentaba el ocio. Pero obviamente la prohibición no funcionó. Debido a que la producción de esta hierba existe escasamente en nuestro territorio uruguayo, nos hizo el primer importador de “yerba” mate del mundo, seguido por Siria cuando no estaban en guerra. 

Este vicio, como lo consideran otras naciones latinoamericanas, es herencia de los guaraníes que vivieron en nuestro actual país, ocuparon más tierras que los charrúas y dejaron más descendencia de lo que imaginamos.

El mate en el Uruguay (admito que no sé cómo es la tradición gaúcha brasilera, ni el tereré paraguayo y ni comprendo cómo se toma en Argentina), tiene sus normas que son varias, a saber:

  •        Si se dan las gracias, significa que no se quiere más
  •        En una ronda, el mate circula en sentido del reloj
  •        Si alguien de la ronda “lo conversa” es insultado por el resto de los integrantes de la ronda
  •        El mate hace al grupo y no el grupo al mate
  •        Si el cebador da el mate demasiado caliente te esta diciendo que se aburre, pero si te lo da frío te esta despidiendo
  1. Que usen la bombilla del mate como si fuera la palanca de cambios de un auto
  1. Que “lo laven” dejando enfriar el agua, o agitando el mate propiamente dicho
  1. Que exijan un mate cuando no se ha entibiado la bombilla
  1. Que pidan darle vuelta porque ya están aburridos de tomar mate.
  1. Que no chupen o sorben del todo el contenido de agua del porongo, dejando un charco minúsculo que luego lava el mate.


Existen muchas tradiciones, pero hay cosas que yo no soporto de los tomadores de mate, y paso a enumerar:

El Santi es experto en hacer todas esas cosas que yo odio, pero igual tomo mate con él, porque en el fondo del termo lo quiero mucho, aunque le guste el mate pero no sepa tomarlo ni cebarlo bien, porque compensa con la buena charla y compañia.
Es por ello, que en la próxima compra de un “mate” tendré que buscar uno de esos, que aun siendo de “porongo”, tenga una tapa para convertirlo en automático y eliminar todos los siete cambios de marcha y que lo proteja de inundaciones innecesarias. Porque a estas alturas he aprendido que en mate cerrado no entran moscas.  



30 de septiembre de 2018

El Ñudo



El ñudo, es el nudo.  El lazo que estrecha y cierra de alguna manera, y por el cual es difícil de soltar.

Es eso que algunos que tenemos de alma, el que nos tranca, el que no nos deja ser.... el ñudo al olvido, al perdón, al futuro, al presente.... el ñudo de ancestros, de emigrantes e inmigrantes, ese ñudo que sabemos que es el ñudo, pero es al ñudo descifrarlo... porque nos enñudamos.

Perdemos nuestra esencia, perdemos nuestro perdón, perdemos nuestro todo... el ñudo nos ata, y nos une. El ñudo es universal, es uruguayo.  El ñudo es el miedo, es lo más negativo, pero es al ñudo tratar de separarlo de nosotros.

Al ñudo nos aferramos a recuerdos, son los sentimientos más primigenios, más silvestres, más íntimos, es por lo cual es al ñudo que siga.

27 de agosto de 2018

El invierno de las narices frías


A mi me encanta el invierno. En realidad, me gustan todas las estaciones, con excepción del verano, puesto que no me gusta la playa y no soporto el calor, y el sol me destroza la piel.

Amo el viento de otoño y la brisa de primavera. Adoro los días de invierno tranquilos, con su lluvia y su viento. Tiene su encanto la estufa de leña y la comida de olla, pero detesto tener siempre la nariz fría.

Paso todo el invierno con la nariz helada. No importa lo que haga, ni cuantas bufandas me ponga. Podré tener los pies y manos calientes, tengo buen abrigo, pero la nariz nunca, jamás entra en calor.

Tengo conocimiento real que tengo la cara muy atrás y la irrigación no llega tan lejos, pero no me gusta sentirme una réplica de Rodolfo el Reno, con la nariz colorada, moqueando agüita todo el día.

Creo que ya me debería hacer accionista de una fábrica de pañuelos desechables, o inventar una especie de “naricera” para aquellos que sufrimos de lo mismo, pues no considero que sea la única que sufre del mencionado mal.

Hay veces que pienso que debería cambiar mis preferencias y optar por el verano, ya que no tengo alergias ni la nariz fría, pero sé que no es lo mío. Pero tampoco me gusta andar por la vida con la vergüenza de darle un beso a alguien conocido y congelarle la mejilla al saludado.
Hasta he pensado en comprar una nariz de payaso (total, ya la original está roja durante todo el invierno) y forrarla internamente de tela polar. Reconozco que es patético, pero los inviernos de narices frías son horrorosos.

27 de julio de 2018

De memorias y olvidos


En esta época, donde estamos discutiendo del lenguaje inclusivo, hay algunos que no entendemos todavía como funciona el cerebro masculino y el femenino. Capaz que es la razón por la cual no entendemos eso de las X por las a u o, arrobas y mucho menos el e. (ejemplo amigXs l@s herman@s  o les diputades)

Pero hay dudas que me retumban en la cabeza. ¿Cómo es posible que un hombre se acuerde de toda una alineación de fútbol de 1978, inclusive de selecciones extranjeras, o peor aún de equipos rivales, o de la segunda división y no tengan la memoria suficiente para recordar 3 artículos de una lista de 4 del pedido de supermercado?, que se olviden de un cumpleaños o fecha importante (según el concepto “ovárico”), ¿pero se acuerden de la mordida de Mike Tyson a su rival en mil novecientos noventa y largos?

A mi me pasa relativamente seguido que El Santi me pregunte si quiero queso en los ravioli con tuco, cuando en realidad odio el queso rallado en la pasta con salsa, o que “adivine” cada vez que tomamos caldo, que a mi el caldo me encanta con queso mozzarella y parmesano en partes exageradas e iguales.
Para El Santi es sorprendente que me acuerde de cosas intrascendentes como la ropa que yo llevaba puesta en tal o cual ocasión y no pueda recordar la diferencia entre la homocinética y un buje.

¿Así será la vida, o nos la complicamos porque sí?