Hay todo tipo de amigos, esos que conoces desde siempre, y son casi hermanos, están los compañeros de trabajo, que de tanto compartir terminan siendo amigos. Están los del colegio, los de la política, los del fútbol, los de los cursos, facultad, ex familia política. Están esos que no sabes de donde salieron, pero están en la lista. Hay muchos tipos de amigos, pero amigo es el que siempre está.
un blog de la vida cotidiana, viajes en pareja y algo de cocina. La vida simple de una cincuentona complicada.
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10 de junio de 2014
7 de junio de 2014
Sábados de lluvia
La vida nos
acostumbra a días de “algo”, los
domingos en Uruguay son días de asado si no llueve, o de pastas y reunión de
familia. Tenemos los jueves de amigos, viernes de cerveza con los compañeros de
trabajo al finalizar la jornada. También
existen los domingos de elecciones o de misa, lunes de miércoles, y miércoles
de feriados inamovibles.
4 de junio de 2014
Como sobrevivir a un "enter" de más
Hoy la angustia fue absoluta, un “enter” de más
y el peor correo electrónico que he enviado en mi vida fue a parar al
destinatario erróneo.
1 de junio de 2014
TIRANOS TEMBLAD
Hoy fueron las elecciones primarias en mi
querido país. Desgraciadamente, por primera vez me doy cuenta que vale la pena
que el voto sea obligatorio, porque si no lo es, no vota nadie, excepto los que
queremos un país mejor y no culpamos a nadie de los errores de nuestros votos.
25 de mayo de 2014
Efecto Rivera
Como ya saben, anduve de visita por Bogotá,
capital de Colombia y del departamento de Cundinamarca (largo que se mandaron
el nombre….).
Allí descubrí varias cosas. Sobre todo la
sabiduría infantil.
Mi amiga Claudia, tiene dos hijos, Valentina de
11 y David Santiago de 7, y ellos preguntaban sobre el idioma que se habla en
mi país, y porqué soy tan blanca de piel.
Como le explicás a una criatura de 11 años el
efecto Rivera? Como le indicás la matanza del Salsipuedes?
No me había puesto a pensar en ello, hasta que
se lo comenté a mi querido Santi, y el fue el autor de este título; El EFECTO
RIVERA.
También tuve que explicar a muchas colombianas
el porqué las uruguayas no nos producimos tantos como ellas, ni usamos tanta
parafernalias para vernos lindas, ni porqué nuestros hombres son más lindos, ni
porque en mi país me consideran petisa, cuando para ellos yo soy rubia y alta;
no tanto como las gringas, pero alta y rubia al fin para sus parámetros.
Como le explicás a un niño colombiano que
nosotros no tenemos casi indígenas – gracias al Efecto Rivera, que nuestra
población tiene solo un 5% de raza afroamericana, o afrodescendientes, cuando
ellos se llaman orgullosamente indios y negros y niegan la palabra “morenos”. Porque
ellos son de todas las razas, blancos mezclados con negros, indígenas con
negros, indígenas con blancos, mulatos, y muchas razas que nosotros no
conocemos. Porque no saben que es el Uruguay, ni que clase de personas lo
habitan, porqué no hablamos la misma lengua, aunque si el mismo idioma. No entienden porqué una persona de pelo oscuro
natural (como lo soy yo antes de tantas tintas) puede ser tan clara de piel.
Tampoco entienden el porqué cuando en Colombia
los niños comparten la vida de los adultos, en Uruguay los relegamos a la
idiotez infantil. Los niños colombianos viven la vida de sus padres, comen,
comparten la vida, sin un pelotero, sino la vida real, la oficina donde
trabajan sus padres es “SU CASA” más allá de su hogar, donde sus padres hacen
cometas, van a los bailes y teatros con ellos, festejan el día de la madre como
un día de guardar de los cristianos; y
sobre todo, son consultados sobre la vida real, los niños toman decisiones, no
solo acatan órdenes.
Creo, desde que los conocí, entendí que los
bogotanos tienen mucho que enseñarnos.
Tienen misas en los “shoppings”! Eso es raro,
porque Jesús retiró a los mercaderes del templo, pero ahora los curas y los
pastores buscan a los mercaderes para predicar La Palabra.
Pero me quedó un hermoso recuerdo del pueblo
bogotano que es increíblemente amistoso, y ojalá tenga la oportunidad de
conocer otras ciudades colombianas.
Que desastre que soy!
Las personas siempre tienen un lado bueno y
otro malo. Entre la lista de mi lado malo, está que soy muy desordenada, por no
decir que si fuera por mí, viviría en un caos constante. No me gusta limpiar ni
ordenar. Tengo del lado positivo que me gusta cocinar, planchar (poco) y
trabajar en mi trabajo.
Estos últimos días me han tenido de valija de
loco, de arriba para abajo, de Bogotá a Buenos Aires. Y como valija perdida en
Bogotá (sí, mi valija anduvo recorriendo el mundo durante cinco días), me
siento algo demorada en casa, lo que lleva a que el cargo de conciencia sea
fuerte. Es por ello que he decidido poner orden….. en la cocina! De agarrar una
escoba ni hablar, de estirar la cama no me hablen, y de desarmar las valijas imposible, solo sacar
la ropa sucia.
Tengo una lista grande de cosas por hacer:
14 de mayo de 2014
BO-GO-TA!
Anduve visitando la capital del país más
norteño del subcontinente sudamericano, la capital de Colombia, la “peligrosa”
Bogotá. Me pareció una linda ciudad,
moderna, pero clásica, conservando las construcciones coloniales, pero
actualizada, con edificios increíbles (me
dijeron que era tan peligrosa, que no me animé a sacar fotos desde los
taxis a los edificios “wow”), sin gente durmiendo en las calles, ni mendigando.
Una ciudad limpia y verde. En algunos momentos recuerdan ciudades de Estados Unidos
de Norte América, y en otros a México. Pero lo más lindo que tiene Bogotá, son
los bogotanos. Son raros, pero son buena gente, gentiles, simpáticos,
agradables, feitos los hombres, y las mujeres muy lindas, aunque luego de
sacarles todos los “retoques” (busto,
cola, fajas, tacones, “by pass” gástricos, etc.) y las capas de maquillaje, no
se como quedarán. Gente bonita de alma, orgullosos de su país y de su ciudad,
ufanos de cómo han cambiado en los últimos 20 años.
Una de las cosas que más me llamó la atención,
es que en Colombia el norte es el rico y el sur es el pobre, con la excepción
de Medellín, así que andan al revés para nuestros criterios. Todos se hablan de
Ud. aunque eso no quita que se digan “Ud. es un maricón”, “Ud. es unhijoeputa”,
pero el respeto de hablarte de Ud. no lo pierden. Como les decía antes, son
raros, las mujeres hiper producidas, los hombres no tanto, y bajos, pero claro,
siempre existen excepciones. Para informarle al mozo del restaurant que
terminaron de comer, colocan el vaso sobre el plato, toman jugo de frutas
espesos a toda hora, y desayunan caldo de costilla, acompañado de huevos,
frijoles, arroz, frutas tropicales, cereales, lácteos y obviamente un buen
“tinto” , que no es nada más ni nada menos que un buen café colombiano.
El café es
fundamental en sus vidas, y lo saben
vender muy bien. En “La Candelaria”, barrio histórico de Bogotá, andan los
carritos de madera, a tracción sangre (humana), y a gritado a lo loco “el
tinto, a su tinto”, café recién molido (lo muelen en el carrito) y te lo
entregan recién hecho. Estos carritos son acechados por los turistas de todo el
mundo para sacarse fotos y tomar un buen café.
Eso si,
carritos de los que nosotros conocemos, NO HAY.
Otra cosa
importante es la comida: ellos no comen para vivir, viven para comer. En todas
las esquinas existen puestos de frutas, de fritos, verdulerías y carnicerías.
Cadenas de comida “criolla” en todas las cuadras, compitiendo lealmente con
Burger King, Mc’Donalds, y Dunkin Donuts, estos últimos comercios sin público,
y las cadenas nacionales colmadas de gente.
Probé la
chicha, y no quiero más limonada. También tomé “aguadepanela” (si, todo junto,
con pan de Almojanas) y Changua, un desayuno de sopa de leche, con cebolla,
cilantro, pan duro, huevo cocinado y
queso, “snacks” llamados achiras, y cotudos y algo que sonaba a alfandoques
(excepto las achiras, todo sumamente dulce, por no decir empalagosos). Para la
próxima les cuento sobre Monserrate, la Catedral de Sal, la oferta de
esmeraldas y oro, el Museo del Oro, de la Policía (con la historia de cómo
capturaron a Pablo Escobar), el Museo de Fernando Botero, de la Moneda, del
Florero, el homenaje constante a Gabriel García Márquez, el regateo constante y
la venta de minutos de celular.
Pero vale
destacar que no fue a mí parecer ninguna ciudad peligrosa. Es más, caminás con
más seguridad que en el centro de Montevideo. Aceptan, admiten y glorifican a
los valientes turistas. Han rescatado una ciudad insegura en un lugar apto para
visitar, sin descuidarse, como en cualquier otra parte del mundo, pero lleno de
gente maravillosa, los bogotanos.
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